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11 de septiembre de 2026
Ácida limonada

A corazón abierto

Por Milagros Müller 

Te quiero ver. Te siento en mis pensamientos. Tu piel se me hace familiar, la recuerdo de algún verano en la playa. Te recuerdo como si fuera ayer. Tus recuerdos me hacen sentir que fue ayer. Me pongo sentimental con canciones de amor que me hacen acordar a vos y también con canciones que nunca escuché ni escucharé con vos.

Estás presente en mis días torturados de recuerdos. Tan presente que tu figura esfumada casi parece real. Te veo con claridad y te siento más cerca que nunca. Me pregunto si alguien te estará amando ahora mismo, amándote como yo lo hacía. Amor de verdad, tocando tu piel y vos la mía. “Qué suave” dijiste. Nunca me voy a olvidar de la primera vez que lo mencionaste. ¿Te preguntarás si alguien me está amando o si amaré a alguien más? ¿Otro que no seas vos?

A veces pienso que vas a venir corriendo a abrazarme y pedirme perdón, pero son solo deseos utópicos de lo más profundo de mi alma. No te confundas: cuando no pienso en vos estoy feliz, pero los domingos por la tarde puedo mostrarte mentiras.

Dejaste marcado mi corazón. Yo dejé marcado tu auto en la puerta derecha, mientras rompías mi corazón y me veías caer a lo oscuro. Me amenazaste con irte y yo te rogué que no lo hicieras. Hace un mes, mi amiga me dijo que no era yo, que no era yo misma mientras estaba con vos. Sólo veía a otra persona cuando me miraba. No lo entendía en ese entonces, pero  ahora sí. 

Con tal de estar al lado tuyo me quedaba hasta cuando jugabas a tus videojuegos porque tan solo quería gozar de tu compañía. Solo quería a alguien que quiera mi compañía. 

Recuerdo la fiebre mientras estaba tirada en la cama y yo tan solo era invisible para vos. Recuerdo que a todos los cumpleaños de tus amigos nunca fuimos juntos, siempre fuiste solo, ¿Será que te daba vergüenza? Como una cartera yo te llevaba a todos lados, pensé que eras mi compañero, pero descubrí que eras tan solo un acompañante sexual. Te presentaba como mi novio pero te tomó siete meses asimilarlo y hacer la pregunta. Estábamos borrachos y drogados en el casamiento de tu amigo, pero lo preguntaste y yo fui la chica más feliz del planeta. 

Con esta operación a corazón abierto, las letras y un viejo teclado, duelo lo que fue color de rosas hasta que se volvió todo en una escala de grises. Amarte me estaba arruinando la vida y ahora, extrañarte también. Pero amor, no te confundas, me sigo eligiendo primero antes que nada.

Milagros Müller
Milagros Müller

Redacción

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