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28 de julio de 2026
Columnistas

El móvil en el aula: Presente todos los días en la Escuela pero sin fecha de egreso.

Por Miguel Ángel Samutt

Es el bien y el mal, ángel y demonio, el yin y el yang, toda la información o toda la distracción, sí señores, hablamos del teléfono celular.

En 1884 se sanciona la ley 1420 de educación, obligatoria, gratuita y laica de la República Argentina, más de cien años del transitar de alumnos, directivos y docentes por las aulas del país pero, por una extraña razón, los alumnos y padres de hoy no conciben la asistencia a las aulas sin una comunicación directa y permanente entre ellos.

«¿Y si hay una emergencia?»; «¿si necesito hablarle urgente?»; «¿puedo responder?, es mamá». Por lo general las urgencias suelen ser “te dejé la tarta en el horno”; «el tarado de tu padre no te puede ir a buscar»; «llego tarde” o cosas por el estilo, olvidando por completo los teléfonos de las escuelas, el tiempo del recreo o simplemente dejar un mensaje para que pueda ser leído fuera de la hora de clases. Ni que hablar de los auriculares: parecieran estar escuchando un recital de despedida en vivo que no volverá a ocurrir jamás.

En fin; el móvil vino hace dos décadas y llegó para quedarse. En principio fue prohibido dentro del aula por reglamentación de la gestión Scioli, claro está que sin éxito alguno, cuando no está especificado en la misma reglamentación qué es lo que pasa cuando no se cumple, es una mera declamación inservible. Durante la gestión Vidal se retira dicha prohibición y está permitido para uso pedagógico.

No solo los alumnos se distraen con el móvil en clases, también lo hacen algunos docentes, descubiertos estos por los directivos porque los ven en línea de WhatsApp en horario de clases (demás está decir que los directivos estaban en la aplicación por casualidad, tratando un “tema importante” con la señora inspectora).

¿Qué hacer entonces?; ¿Se los sacamos de modo autoritario?; ¿Llevamos una linda caja forrada y les pedimos que los entreguen voluntariamente?; ¿Se los dejamos y descontamos puntos al final del trimestre por su falta de participación?.

No me gustaría terminar sin antes aclarar que no soy un detractor de este valioso instrumento tecnológico de aprendizaje, esa parte la dejamos para otra ocasión.

 

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Redacción

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