La herida
Por Milagros Müller
Todos estamos marcados por una herida, ya sea grande o chiquita, que puede expandirse o cerrarse dependiendo de muchos factores. Tal vez, esa herida esté más abierta que nunca o, con suerte, supurando y sanando.
Las heridas pueden ser causadas por distintos factores o situaciones. Pongamos, por ejemplo, una situación de pelea en donde uno dice algo que, sin querer, lastima al otro: simplemente se me escapó algo que dije. Pero la herida ya quedó marcada. Después queda en el otro decidir si perdonar a la otra persona o no. Si esa herida es muy grande, al nivel de no poder perdonar. O, quizás, si uno decide perdonar a pesar de.
Con estas palabras de introducción defino lo que puede ser una herida. Algo que te puede marcar para toda la vida o algo que es pasajero. Recuerdo la columna llamada “El poder de la palabra”: esto tiene mucho que ver.
Todos tenemos cosas por sanar, lo importante es dejarse llevar por el tiempo, que todo lo cura. Hoy, con lágrimas en mis ojos mientras escribo sobre las heridas, puedo decir esto: todo pasa.
Me inspiro en recuerdos vividos y quiero que ustedes también piensen en esos recuerdos que están clavados en lo más profundo de sus corazones y reflexionen sobre sus heridas, las batallas con las que lidiamos cada uno de nosotros.
No quiero ponerme filosófica ni nada por el estilo porque, no lo soy. Pero sí transmitir, mediante esta columna, que cada batalla es pasajera y que depende de nosotros seguir adelante y no bajar los brazos. Tal vez es demasiado profundo pero es cierto y eso es lo importante.
Yo, escritora (entre otras cosas) puedo contarte y escribir sobre toda la información que necesites acerca de las heridas, pero vos solo podes sentirlas y vivirlas a tu manera. Son tan personales que nos asustan y nos paralizan. No dejes que lo hagan. Las heridas se pueden curar.


