La Merienda
Por Milagros Müller
Estaba tomando el té con mi abuela cuando, de repente, empezó a recorrer mi interior como un fuego que me quemaba el cuerpo. Tengo aún el recuerdo bien vívido porque lo he sentido infinidad de veces. Tiempo después aparecieron las lágrimas: la ansiedad, queridos amigos, es algo peligroso.
La ansiedad es un sentimiento de miedo, temor e inquietud. Puede hacer que sudes, que te sientas inquieto y muy tenso; hasta podes tener palpitaciones. Taquicardia, respiración agitada, sudoración y sensación de cansancio también. Puede ser una reacción normal al estrés. Según la OMS, un 4% de la población mundial sufre de ansiedad. ¿Entro yo en ese porcentaje?
Escuchaba la voz de mi abuela mientras me hacía masajes en el cuello. De repente comencé a escuchar sólo barullo, mucho ruido cuando en realidad solo había paz. Todo estaba en mi cabeza, claro.Mi tía, que se nos había unido, me acariciaba el pelo y me curaba el ojeo, comencé a bostezar. Por momentos me sentí bien, por otros no tanto. La ansiedad me quería ganar mientras yo intentaba disfrutar ese momento cálido con mi familia.
Mi abuela estaba feliz y yo quería compartir esa felicidad con ella pero, por momentos, no podía. No sé en qué pensaba, a donde viajaba mi mente, pero lo que sí sé es que, de a ratos, estaba lejos, muy lejos.
Una vez terminada la merienda, acostada en mi habitación y mirando hacia el techo, empecé a llorar. Ahí fue cuando entendí que no puedo hacer eso cada vez que un ataque de ansiedad venga hacia mí como un tornado. No me puede controlar a mí. Tengo que ser quien debe domar al león. ¿Cuánto tiempo lleva domar ese león salvaje que aparece en la selva cuando le da la gana?
Al otro día me levanté mejor. Seguía sin saber que hacer, pero iba a festejar mi cumpleaños con mi familia, así que la mirada era, al menos, un poco más positiva.


