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12 de septiembre de 2026
Sociedad

La experiencia de un hombre trans que gesta un bebé de seis meses

“¿Para qué te hiciste hombre si ahora te embarazás?”.

Matías Trigo tiene 23 años y hace seis meses que gesta su bebé. Su hijo lleva su material genético y el de su pareja, Celeste Giacchetta (32), una mujer trans.

Matías y Celeste son dos de las más de 10 mil personas que pudieron cambiar su nombre en el DNI a siete años de la sanción de la Ley 26.743 de Identidad de Género. Pero también son parte de las familias que crecen a la luz de los avances en materia de derechos logrados con las normativas.

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“Antes (de la ley), me escondía en la facultad y tenía miedo de perder mi trabajo. Después de la sanción me abrí. Nunca me sentí más auténtica y alegre”, cuenta Giacchetta, que trabaja como administrativa y que readecuó su cuerpo con una operación de implante mamario, además del tratamiento hormonal, que también hizo Trigo.

En su caso, él siempre se sintió varón y a los 18 años ya tenía el nombre que siempre quiso. Si bien las historias son diferentes, ambos se encontraron en los círculos de la militancia Lgbtiq+.

“Cuando empezamos a salir, parecíamos primerizos de 15 años. Nunca habíamos estado en pareja con alguien trans. Pero me siento muy cómoda porque a él no tengo que explicarle nada”, dice Giacchetta.

Hijos

Al poco tiempo, fantasearon con tener hijos. Al principio pensaron en la adopción. Pero se dieron cuenta de que también podían ser gestantes y decidieron animarse, aunque Trigo tendría que abandonar las hormonas más de un año y someterse a ver, nuevamente, cambios en su cuerpo.

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“Lo vivo muy feliz, todo el tiempo siento una persona adentro mío. Y compartirlo con Celes es maravilloso”, cuenta Trigo, que retomará su tratamiento hormonal una vez que nazca el bebé. “¿Para qué te hiciste hombre si ahora te embarazás?”, fue lo que le preguntó el padre de Trigo a su hijo cuando le contó que sería abuelo.

El le contestó que “la identidad femenina o masculina no pasa por gestar” y que seguía “siendo el mismo”. Sin embargo, la pareja aclara que tienen apoyo de ambas familias y “aceptación del mundo heterosexual, mientras que algunos círculos Lgbtiq+ criticaron el embarazo”, dicen. “Ser gay no te quita lo machista ni lo fascista”, afirma su mujer, y cuenta que las instituciones tampoco están preparadas para una familia como ellos.

“Vamos a la fila de prioridad del supermercado y nos miran demasiado. No entienden qué pasa y entramos en conflicto por el sistema binario de la maternidad como una posibilidad única de las mujeres”, dice Giacchetta. “Nos toman como un caso loco, pero me parece que la locura está en la gente que se nos ríe en la calle para hacer sentir mal a alguien. Somos dos personas enamoradas que quieren formar una familia”, asegura Trigo.

Dicen que se sienten amparados y bien tratados por su cuerpo médico en un hospital de Córdoba y que le contarán a su hijo “de manera natural” que ambos son trans. “Tenemos un montón de fotos de Mati embarazado para que pueda verlo y además vamos a leerle cuentos con perspectiva diversa”, dice Giacchetta, que aspira a enviarlo a una escuela Waldorf.

Fuente: Perfil

Redacción

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