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12 de septiembre de 2026
Nicolás Santomé

El horror que atravesó un nene de 7 años abusado por su propia madre

Por Nicolás Santomé.

Los límites de la ficción, es sabido, sólo pueden ser superados por la realidad. El terror, a veces, suele estar a metros de distancia, detrás de la puerta de nuestro vecino, en la silla de nuestro compañero de trabajo o en el dormitorio de nuestros padres. Es lo que vivió este nene de 7 años abusado y violado por su propia mamá en Bernal.

L. nació con una discapacidad mental y motriz. Eso no le impide sentir, reír, llorar y jugar como otros niños. Pero los juegos que él juega no son los que cualquier niño de su edad está acostumbrado. Son juegos perversos, intrusiones traumáticas que dejan una huella imborrable para toda la vida.

L. vive sucio y desaliñado al igual que su hermano, algunos años mayor que él. Mientras tanto, su mamá A., maestra de jardín de infantes, lo trata frente a otros más o menos como cualquier madre trata a un hijo: a veces distante y otras veces con apego. Con más o menos atención.

En la intimidad de su hogar, sin embargo, L. experimenta el horror: es abusado por su mamá, quien le practica sexo oral, se le sube encima para montarlo y violarlo sin que él, totalmente a merced de esos vejámenes, pueda oponer resistencia. Ella va más allá todavía y filma esas escenas, que se repiten diariamente. Toma fotos de esas violaciones y luego se las envía a D., un presunto novio que fue detenido meses atrás por tráfico de drogas.

¿Qué hace D. con esas fotos y con esos videos? ¿se excita? ¿los vende y distribuye en una red de pornografía? Acaso la pedofilia, la producción y distribución de material pornográfico sean más comunes de lo que sabemos o creemos (o queremos) saber.

L. ha jugado el mismo juego decenas de veces. Lo juega con la persona que más confianza le genera, la más cercana. Para él sigue siendo un juego más: es incapaz de simbolizar y comprender lo que está ocurriendo.

¿Qué hay detrás de todo lo que vive L.? ¿Qué hay detrás de una mamá que hace lo que A. hizo con su hijo?. Lo indecible, lo impensable, lo que no podemos siquiera llegar a imaginar. Aquello que una vecina de A., entre tanto comentario de vereda, no se atrevía a pronunciar ante su marido para contarle por qué a A. la metían en el patrullero «lo peor que te puedas imaginar. El horror».

Redacción

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