Ciclos
Por Milagros Müller
Siempre dicen que donde se cierra una puerta se abre una ventana, o se abren dos (no me acuerdo como es) ¿pero qué tan cierto es esto? Considero que hay tiempos determinados para cada cosa. Entre ventana y ventana hay un tiempo, un proceso en que cada uno elige qué tiempo tomarse y cómo transitarlo.
Para que se entienda, sería algo así como: escribo un capítulo, luego el prólogo y vuelvo a escribir un capítulo. Al menos así lo explicó mi psicóloga en la charla que tuvimos sobre cerrar ciclos. Y no me pareció para nada una mala idea. Tomarnos nuestros tiempos, disfrutar de la soledad y el aprendizaje, son tiempos de reflexión e introspección.
En la vida todo está en constante movimiento y muchas veces no nos atrevemos a cerrar ciclos porque, tal vez, siguen significando algo para nosotros. Pero puede ser peligroso, porque podemos quedarnos atrapados en lo que alguna vez existió y no avanzar.
Cerrar un ciclo no significa olvidar ni borrar lo vivido. Significa reconocer que ese capítulo, por más importante que haya sido, ha llegado a su fin. Es una acción consciente de dejar ir para permitir el espacio necesario para nuevas experiencias, aprendizajes y relaciones.
Solemos aferrarnos a lo conocido por más malo que sea por que le tenemos miedo a lo desconocido, pero esto no debería de ser así.
Y acá es cuando aparece el poder del soltar. Es necesario hacer un duelo por lo perdido, aunque no siempre implique una pérdida tangible. Se trata de despedirse de aquello que ya no contribuye a nuestra evolución. Y, aunque al principio pueda sentirse doloroso o aterrador, la libertad que se experimenta al soltar es indescriptible.
No tiene nada de malo soltar y dejar ir lo que nos está lastimando, de hecho es un gran acto de valentía. Cerrar ciclos no es fácil, pero son importantes para crecer como seres humanos. No es solo el acto de soltar en sí, sino una forma de abrazar el futuro con la mente y el corazón abiertos a ver qué nos depara el destino.


