14 de abril de 2024
Nacionales

Estaqueos y baños prolongados en agua helada: cómo se torturaba en Malvinas

«Sobre la turba, ramita verde, muriéndose de frío», es un poema de Martín Ranínqueo que, con esas pocas palabras, define lo que fueron las torturas sufridas por los combatientes argentinos en las Islas Malvinas a manos de sus superiores. Son más de cien los soldados que denunciaron haber recibido tormentos por robar un pedazo de pan o un par de guantes durante el conflicto.

Siendo un joven conscripto que participaba con el ejército argentino en la Guerra de las Malvinas, lo último que pensó es que serían los de su propio bando quienes le infligirían las heridas. Luciano Soria es uno de los más de 100 veteranos que afirman haber sido torturados por sus superiores durante la guerra de 1982.

«Mí unidad estuvo en las afueras de Puerto Argentino y otras zonas de las islas, pero no llegamos a combatir. Estuvimos bajo fuego de artillería naval y terrestre en la madrugada del 13 de junio», explicó Soria, que recordó, entre lágrimas, las torturas sufridas por él y sus compañeros durante los días en las Malvinas.

«Vimos a un compañero estaqueado con una carpa poncho, vimos este tipo de atrocidades. Se hacía con la excusa de que los soldados cometíamos faltas como robar comida. De hecho un soldado muere pisando un «caza bobo» yendo a buscar comida».

«En medio de un bombardeo, alerté a un capitán por la proximidad de la caída de una bomba, y me dijo cagón, tras lo cual me tiró dos disparos al suelo. Segundos después explotó la bomba. Tenía 19 años yo. Eso me marcó para toda la vida. Es un sueño recurrente que tengo», recordó el ex combatiente, que este miércoles 3 de abril participará de un homenaje en el Senado de la Nación.

«Malvinas fue la última guerra de trinchera, de cuerpo a cuerpo. No hubo ataque a civiles, aunque está probado que los ingleses tenían la intención de atacar el continente», sostiene Soria.

«Mi primera junta médica me la hicieron en 2006»

Sobre el regreso a casa, el ex combatiente dijo que hubiese sido muy lindo «ser recibidos con un mimo», pero que los militares los escondieron para que ganaran peso y ser presentados «en mejores condiciones».

Además, se refirió a la falta de apoyo, contención y atención una vez arribados a suelo continental: «Apenas llegamos de Malvinas tuve un intento de suicidio. No teníamos contención… Mi primera junta médica me la hicieron en 2006», dijo, y recalcó que «Malvinas tiene más de 700 suicidios, más que todos los compañeros que murieron en la Guerra».

También reclamó por la falta de respuestas al reclamo de los diez años de pensión (1982 – 92) que el Estado argentino no les ha reconocido, pese a un fallo de la Corte que así lo estipula. “No falta ningún reconocimiento, falta que nos paguen los 10 años de pensión que no nos pagaron pese al fallo de la Corte”, explicó.

«La guerra muestra las bondades y las miserias de las personas. Yo siento que la sociedad argentina valora y nos agradece lo que hicimos. Nosotros empezamos a ser bien atendidos (medicamente) recién en 2006, y todo en base a mucha lucha», agregó Soria, quien recordó que «La guerra me sacó proyectos, alegría… Allá, en Malvinas, quedó un Luciano que era jovial y volvió otro muy distinto».

El ex combatiente en Malvinas, Luciano Soria
El ex combatiente en Malvinas, Luciano Soria

Pablo de Benedetti, otro ex combatiente, temió perder las piernas. De acuerdo con su relato, los castigos de los oficiales ocurrían por supuesta indisciplina a la conducta castrense en medio del teatro de operaciones. «Por ejemplo, nosotros veníamos recogiendo agua (para beber) de los charcos que formaba la lluvia. Un día apareció un camión cisterna y fuimos a llenar nuestras cantimploras. Yo no estaba ni de guardia ni haciendo ninguna tarea. Pero, al volver, el sargento nos castigó metiéndonos nuevamente en los pozos de agua», dice.

Según ha documentado el Centro de Excombatientes Islas Malvinas (CECIM), entre las prácticas comunes que sufrieron muchos soldados, se incluye la restricción a los alimentos y el estaqueo, un castigo que consiste en amarrar los pies y las manos de la persona al suelo, como en forma de estrella.

Muchos de los que fueron sancionados con estaqueos incluso fueron amarrados desnudos al piso, en medio de las temperaturas invernales del Cono Sur.

Dolor

Pablo de Benedetti, ex Combatiente en Malvinas
Pablo de Benedetti, ex Combatiente en Malvinas

De Benedetti no sólo fue castigado con permanecer horas en un pozo de agua helada. También afirma que lo obligaron a hacer «saltos de rana» o «cuerpo a tierra» en campos minados que él y los efectivos de su compañía habían sembrado en la zona donde fue desplegada la compañía 601 de Ingenieros del Ejército. Nunca le explotó una mina, pero el temor -dice- era constante.

Sin embargo, el castigo en los pozos le dejó cicatrices permanentes. «Después de tantas veces de recibir el castigo me vio el médico de la compañía porque tenía los pies hinchados y muy mal. Me recomendó ponerlos en agua caliente y me dio una medicación. Pero cuando vuelvo a la compañía el suboficial me tira la medicina y me ordena volver al pozo con agua fría porque ‘así me iba a curar'», señaló el veterano.

«El 1 de junio me arrastro, porque no podía caminar, al campamento médico de nuevo y ahí me tienen que cortar las medias y borceguíes porque los pies estaban tan hinchados que no me los podía sacar. De inmediato me reenviaron al continente de vuelta. ‘Pensábamos que perdías las piernas’, me dijeron los médicos».

Redacción

Podes dejarnos tus comentarios al final de la nota.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *