El drama de Alberto Quintero, el hombre que vivió en las calles de Hudson durante dos años
Su madre falleció y él desapareció de su casa en Córdoba. Dos años después lo encontraron en Berazategui.
Por Nicolás Santomé
Alberto Quintero Moyano es su nombre completo. Tiene 55 años y hace dos dejó su casa de Córdoba capital, se subió a un micro y llegó a Buenos Aires. Deambuló por la ciudad durante unos meses, hasta terminar durmiendo en las calles de Hudson.
Al principio los vecinos de barrio Marítimo lo miraban con desconfianza, como hacemos con cada una de las personas que, por motivos que no conocemos, vemos dormir en la calle todas las noches.
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Pero la costumbre de encontrarnos con él todos los días lo volvieron algo (sí, «algo») más; como una cosa que se agrega al paisaje y que dejamos de percibir como a una persona. ¿Por qué está ahí? ¿cómo llegó? ¿cuándo apareció? son preguntas que evitamos hacernos para seguir con la rutina de todos los días.
Alberto sufre esquizofrenia paranoide, una enfermedad mental cuya principal característica es que afecta a la personalidad de quien la padece y que lo lleva a presentar síntomas como delirios y alucinaciones. Se aísla y se retrae en sí mismo, evitando el contacto con los demás.
Mientras él sobrevivía (como podía) al frío, la lluvia y el hambre, a veces con la ayuda de algún vecino, otras por su cuenta, su familia lo buscaba desesperadamente durante dos años (su desaparición se declaró el 8 de agosto de 2017). Nadie creyó que podría salir de Córdoba y hasta lo dieron por muerto. Pero Alberto logró llegar, quien sabe cómo, a Buenos Aires.
El sábado por la tarde, un policía de la comisaría 4ta. se le acercó y se sentó junto a él en la vereda. Le preguntó donde vivía. Ante la falta de respuesta, y sospechando algo de lo que ocurría, el oficial cursó las características del hombre y sospechó que se trataba de una persona que era buscada en Córdoba. Las similitudes de edad y señas particulares coincidían: faltaba la confirmación de un familiar.
Una hermana que vive en City Bell fue contactada y confirmó que era él. El reencuentro no tardó en producirse y esa misma noche se juntaron. Alberto comió una comida caliente en un plato, sentado a la mesa. Se bañó y se acostó en un colchón, abrigado por una frazada y bajo un techo.
En Marítimo las calles están más desiertas, afortunadamente.

