El cuádruple homicida de Quilmes y una «mañana sangrienta»
Hugo Alberto Acevedo se suicidó el 22 de agosto de 1998 en su celda. Todos los que lo vieron en los últimos días coincidieron en una cosa: se lo veía nervioso. A esa intranquilidad se sumó la noticia de que iba a ser trasladado desde la cárcel de la Delegación de Investigaciones de Quilmes hacia una del Servicio Penitenciario. Sin embargo, todavía no se había designado a cuál.
Los policías dicen que a las tres de la madrugada lo escucharon hablando solo y que a las diez de la mañana, cuando fueron a verlo, ya estaba ahorcado con una venda elástica que usaba en el tobillo. El secreto de sumario hizo que no se difundieran más detalles.
Acevedo, de 46 años, fue detenido el 15 de julio de aquel año por el cuádruple crimen que sacudió a Quilmes: el 7 de marzo mató a su mujer, a su ex esposa, a la pareja de ésta y a su propio padrastro.
Entre la fecha de los homicidios y el arresto pasaron 130 días en los que el sospechoso estuvo prófugo. En ese tiempo, se formó un grupo policial especial dedicado a la búsqueda que se turnó durante las 24 horas para seguir distintas pistas que fueron surgiendo. Sumado a eso, el Gobierno bonaerense llegó a ofrecer una recompensa de entre 5 y 30 mil pesos por datos que ayudaran a lograr la captura.
Acevedo fue incluido en una lista de los 14 prófugos más buscados en la provincia de Buenos Aires. Cambió de aspecto. Al ser encontrado, tenía el bigote afeitado y el cabello teñido de castaño. Cuando estuvo frente a la jueza del caso, Margarita Allaza de Iturburu, se negó a declarar, pero pidió asistencia psicológica.
En la misma declaración, aseguró que él quería entregarse, pese a que fue la Policía quien lo detuvo. Ante la solicitud de ayuda psicológica, la jueza ordenó las pericias, aunque dos médicos que lo revisaron coincidieron en que estaba lúcido y ubicado en tiempo y espacio.
Una psicóloga fue a entrevistarlo a la cárcel, ya que el hombre no dormía nunca -comentó el abogado-. Pidió calmantes, pero no se los dieron. Tenía que estar medicado, de acuerdo al relato de su madre, aunque en el juzgado se demoraron con ese tema.
La mamá de Acevedo, Ada (75), fue una de las últimas en ver a su hijo. Había ido a verlo el día antes para llevarle comida, algo habitual en ella. La otra visita que recibió horas antes de morir fue la de una ex pareja (se cree que tuvo tres mujeres: la primera y la tercera son las que fueron asesinadas, y la segunda es la que fue a la cárcel). Se llama Celia Belén y se habían conocido años atrás en Misiones.
Con ellas dos solía escribirse largas cartas. Dicen que les ponía cosas sin sentido, pero que no hablaba de matarse, recordó Parnisari, quien contó que en las charlas también era incoherente y que se contradecía. Un día pidió ampliar su declaración, pero frente a la jueza cambió de opinión.
Ada de Acevedo (que confesó haber colaborado en el arresto) explicó que le escribía para darle ánimo, porque hay «asesinos y asesinos». Y él «es un hombre bueno».
El hombre que mató a cuatro personas en sólo dos horas, tenía dos hijas -de 16 y 17 años-. Se dijo que había nacido en una cárcel de Córdoba, donde su madre cumplía una condena por abuso de armas y lesiones, y que hasta los 12 años vivió en la calle. Después trabajó como taxista y remisero. Los investigadores del caso aseguraron que no se trataba de un asesino serial, que elegía a las víctimas, sino que podía ser un asesino múltiple y que no tenía antecedentes penales.
Los cuatro crímenes ocurrieron el sábado 7 de marzo de 1998. La primera víctima fue Mirtha Díaz. Poco antes del mediodía de ese día, Acevedo la habría golpeado ferozmente y después la estranguló. El cádaver fue hallado semidesnudo, en la cama matrimonial del departamento 1037 del barrio Pepsi, y fue el último en ser encontrado por la Policía. Aunque fue la primera en morir, los investigadores recién descubrieron el crimen cuando allanaron el departamento en busca de Acevedo.
De acuerdo con la reconstrucción realizada por la Policía, luego de matar a su pareja, Acevedo fue a Quilmes a buscar a Juan Carlos Visiconte, un remisero que estaba en pareja con su ex esposa. Acevedo se hizo pasar por un pasajero y subió al coche de Visiconte. Durante el viaje, ambos tuvieron una discusión. Luego, Acevedo lo mató de cinco balazos, lo abandonó y, en otro remis, fue hasta Rivadavia y Alvear, en pleno centro de Quilmes. Allí, en una galería comercial, su ex esposa, Estrella Domínguez, tenía un salón de belleza. Acevedo y su ex mujer mantuvieron una discusión a los gritos. De repente, en medio de la pelea, sacó su revólver y le disparó varias veces.
De allí, Acevedo fue a la casa de su madre y la actual pareja de ella. Luego de discutir con su progenitora, fue hasta uno de los dormitorios de la casa y mató a balazos a su padrastro, Eleuterio Acevedo (83).
Al ser arrestado, en una de sus declaraciones ante la Justicia, Acevedo dijo estar «arrepentido» de lo ocurrido y aclaró: La vida me llevó a esto. Al respecto, la jueza declaró al diario Clarín, en aquel momento: «Es un hombre que de chico fue golpeado por su padrastro. Su problemática familiar incluye maltratos y eso pudo haberlo afectado psicológicamente. Por eso, además de los homicidios, también se investigaba el entorno familiar de Acebedo.
El abogado sospecha que el desencadenante del suicidio fue la noticia del traslado. «No sabíamos a dónde lo iban a llevar. Nosotros esperábamos que lo internaran». El detenido estaba solo en la celda y pesaban sobre él dos acusaciones: homicidio simple en dos oportunidades y homicidio agravado por el vínculo, en otras dos.

