Muerte en la comisaría: «La fiscalía tiene miedo de que se destape una olla de todo esto»
El día 11 de septiembre de 2019 publicábamos esta nota, en donde informábamos sobre un hombre de 27 años que se había quitado la vida en un calabozo de la Comisaría 1° de Berazategui. Al día siguiente, su familia hizo un descargo en el que responsabilizaba por esa muerte a los agentes encargados de la custodia.
Rubén Darío Carbonel ingresó como aprehendido -sospechado de un presunto robo en la vía pública- a la comisaría el mediodía del 10 de septiembre. Así se lo informaron a su madre Zulma Escobar, quien tomó un remis y se dirigió de inmediato a esa dependencia policial. Le llevaba ropa, una frazada y la medicación que Darío tomaba todos los días.
Al llegar a la comisaría, Zulma fue notificada sobre la situación de Darío. Al avisarle que el joven debería quedar detenido hasta el día siguiente, para que la fiscal el tomara declaración indagatoria, la mujer informó a un oficial que Darío era paciente psiquiátrico y necesitaba tomar su medicación para no tener ataques de pánico, algo que podía llevarlo a atentar contra su vida.
«Le avisamos a la Policía ese mismo día que mi hijo necesitaba tomar su medicación», contó Zulma, aunque nadie se la proveyó.

Rubén Darío Carbonel tenía 27 años.
«Cuando él no tomaba la medicación se ponía muy mal. Tenía ataques de pánico y eso lo llevó en dos ocasiones anteriores a intentar quitarse la vida. Se lo avisamos a la Policía y no hicieron nada», aseguró Escobar: Darío se habría ahorcado con un buzo en su celda.
Ahora, al cumplirse tres años de esa muerte, la fiscalía está a punto de archivar la investigación por «falta de pruebas» contra los policías. «La fiscal Borrone no encuentra suficientes pruebas para citar a indagatoria a los policías y va a archivar la causa», contó la mamá de Darío a este medio.
«Él tenía un problema psiquiátrico, los oficiales tenían que haber cuidado de él hasta que llegara el médico. Parece ser que la Dra. Borrone no quiere saber qué estaban haciendo esos policías cuando mi hijo se murió o lo mataron».
Además, Zulma dijo que «Hasta ahora no tenemos los resultados de la autopsia al músculo de la garganta para saber qué ocurrió. Yo no creo que mi hijo se haya matado, me siento boludeada… totalmente angustiada. A tres años de la muerte de mi hijo todavía no tengo una respuesta que me satisfaga. No hay justicia porque no me dieron una respuesta convincente de que mi hijo se mató».
La madre de Darío contó también que un caso similar al de su hijo puede ayudar a conocer lo que ocurrió aquel 10 de septiembre: «Hay una chica que pasó por algo similar, que se ahorcó con una calza y que pudieron salvarla porque su pareja estaba en la otra celda y gritó», y que esa misma chica (a quien identificamos con la inicial de su nombre: R) luego «declaró en la causa de mi hijo como testigo y dijo que a ella la boludearon los policías diciendo que se hacía la enferma y que por eso no le dieron su medicación». Ese testimonio, que es clave para entender lo que ocurría en la comisaría, «parece que no fue suficiente para la fiscal».
«Para mí hay una tapadera terrible y se cubren entre ellos, no entiendo si la fiscalía tiene miedo de que se destape una olla de todo esto», expuso la mujer, que contó también que «No hay un día que yo no vaya a su tumba a pedir justicia y a rezarle para que mi hijo me ayude a aclarar qué fue lo que ocurrió ese día».
Por último, Zulma aseguró que «Esto no va a quedar así» porque «parece ser que la justicia no vale en Argentina, y que los chicos que tienen problemas psiquiátricos que caen presos no valen nada aunque la familia les advierta sobre esos problemas al comisario y a los policías. Mi nieto hoy tiene 11 años y todavía sigue preguntando por su padre».

