Berazateguense con Síndrome Down murió por Covid: “Nuestros hijos fueron dejados para lo último”
“Quiero compartir, denunciar y ser la voz de tantos inocentes que pagaron con sus vidas, murieron de Covid19 por tanta injusticia. Maldita burocracia, en este mundo del revés vale más una chapa o un cargo que los abuelos y los discapacitados. Ellos tendrían que haber sido los primeros, pero en este país tan corrupto, nuestros hijos fueron dejados para lo último. Soy la orgullosa madre de Lorena Paola Riva, a quien tenía apenas 40 años y síndrome de Down”, explica Gloria Beatriz Alarcón (65) en una carta abierta que eligió difundir públicamente como video.
«Era muy querida por todo su entorno. Patinaba desde los 11 años, fue parte del elenco de teatro integrado y compitió en torneos bonaerenses. También, hizo cursos de gastronomía porque su sueño era ser chef”, recordó la mujer, que hizo de todo para que su hija pudiera acceder a una vacuna contra el Covid, desde recorrer cada vacunatorio como inscribirla en las aplicaciones aduciendo otras comorbilidades ya que la opción “discapacidad” no estaba habilitada. Las negativas se repitieron y la obligaron a esperar su turno en el mail. El turno llegó, pero Loli murió a causa del coronavirus antes de poder de vacunarse.
Recién a mediados de mayo las personas con discapacidad pudieron empezar a recibir la vacuna. Para esa fecha, sin embargo, Loli ya había contraído la enfermedad, comenzando por un resfrío que derivó en una tos grave, tal como lo dio a conocer el Diario Clarín.
El 25 de mayo, su salud empeoró y fue trasladad en ambulancia al hospital Evita Pueblo de Berazategui. “Temblaba de frío y tenía varias líneas de fiebre. Una vez que ingresó me la entubaron y nunca más despertó”, recordó Beatriz entre lágrimas. Al día siguiente, la trasladaron al área de terapia intensiva del hospital Carriquiriborde de Temperley, que pertenece a IOMA.
“El 10 de junio falleció sola en el hospital por este maldito virus. La abracé, y le tomé las manos. Tenía las piernas heladas. Le abrí los ojos, ya no tenía vida. Le susurré a mi ángel que volara alto y fuera libre. Loli se mudó de casa, se mudó a mi corazón”, describió Beatriz: el turno había llegado cuatro días antes, el 6 de junio, a su correo electrónico.
“Qué ironía. Cuánta rabia y dolor sentí en aquel momento. Me pareció una cargada, una falta de respeto. Ya era tarde, mi hija se estaba despidiendo de esta vida”, expresó Beatriz en medio de un profundo dolor.
“Loli fue tan grosa que se aguantó todo ese tiempo internada para acostumbrarme a que nunca más la iba poder volver a ver en casa», sostuvo la mujer. «Estoy enojada con esta sociedad porque a los discapacitados no los registraron. Ese es mi dolor. Se lo digo a quien le corresponda la responsabilidad porque sobre sus espaldas tienen a otro inocente más”, concluyó.
Fuente: Clarín

