Adolescente baleado por policías agoniza en el hospital El Cruce: denuncian gatillo fácil
Lucas G., de 17 años, vecino de Florencio Varela, se encuentra internado en grave estado tras ser baleado en la cabeza por policías en el barrio porteño de Barracas. Si bien en un principio se informó que se trataba de un tiroteo con delincuentes, se supo que el joven estaba desarmado y fue atacado sin motivos cuando estaba con tres amigos.
Según la versión policial, que este medio publicó ayer, todo se inició cerca de las 9.30 de la mañana en la calle Luzuriaga, en Barracas, cuando policías de la Comisaría Vecinal 4C irradiaron un alerta por la presencia de varios jóvenes en la zona a bordo de un auto Volkswagen Suran color azul, los cuales, aparentemente, se negaron a ser identificados y huyeron.
Según las fuentes policiales, los jóvenes habían salido de la villa 21-24 y la persecución se extendió hasta el cruce de Alvarado y Perdriel. Allí se logró detener a tres de los sospechosos tras un tiroteo, uno de ellos herido de bala en la cabeza, mientras que un cuarto ocupante logró escapar a la carrera.
En tanto, en el marco de la persecución se registró un choque entre un patrullero y otro automóvil Nissan Tiida color champagne en el que se movilizaban efectivos de la brigada de investigaciones de la comisaría 4C, dijeron las fuentes.
Como consecuencia de ese choque, dos policías resultaron heridos con politraumatismos leves, por lo que uno de ellos fue trasladado al Hospital Argerich.
Personal del SAME llegó al lugar a los pocos minutos y trasladó a Lucas, herido de un balazo en la cabeza, al Hospital Penna del barrio porteño de Parque Patricios. Dada la gravedad de su estado de salud, el adolescente fue derivado al Hospital El Cruce, en estado crítico.
Gatillo fácil
Por su parte, familiares de los detenidos rechazaron la versión policial y aseguraron que no habían cometido ningún delito y que acaban de salir de un entrenamiento, ya que se habían ido a probar a las divisiones inferiores de Barracas Central.
Además, el tío de uno de ellos rechazó en declaraciones a la prensa la hipótesis de que estaban armados. El padre del adolescente baleado, domiciliado en Florencio Varela, dijo al canal IP, desde la puerta del hospital Penna, que recién salía de verlo de la sala de terapia intensiva y que “está entre la vida y la muerte”.
“Es un deportista, nunca fue un delincuente», dijo el hombre respecto de su hijo. «Me ocupé toda la vida de que no le falte nada”, aseguró, y agregó: “Le estoy pidiendo a Dios que me lo salve de esta porquería. Esto es un infierno lo que estoy viviendo, le pido a Dios y a todos que recen por mi hijo, y que no le pase nada por favor”.
Por otro lado, el padre del adolescente que conducía el automóvil, dijo a Telenueve Central que el vehículo Volskwagen Suran azul es suyo y que su hijo lo llamó “a las 9.35” para decirle que le habían querido “robar” y que le habían pegado “tres tiros a su amigo”.
“Ellos fueron a entrenar y cuando salen los intercepta un auto, que no tiene identificación de nada, se bajan tres personas apuntándoles y ellos se escapan, y ellos (los policías) arrancan a los tiros”, relató el hombre.
Luego dijo que su hijo se detuvo a los pocos metros al ver a dos policías, “para decirles que les querían robar, y los reducen a ellos, que querían que lo asistan al amiguito que se le estaba muriendo arriba de las rodillas”.
Investigación
Ante esta situación, el Juzgado de Menores 4, a cargo del juez Alejandro Cilleruelo, separó a la Policía de la Ciudad de los peritajes y ordenó que todos los trabajos forenses fueran realizados por peritos de la Policía Federal Argentina (PFA).
El juez ordenó el secuestro de las armas reglamentarias de los policías que participaron en el hecho y que se les practiquen estudios de dermotest para determinar cuál de ellos efectuó disparos.
Además, según la policía, dentro del vehículo en el que circulaban los jóvenes fue secuestrada en el asiento trasero una réplica de plástico de un revólver. Eso fue desmentido por las familias, quienes apuntan contra los efectivos y denuncian un caso de «gatillo fácil».
Fuentes de la investigación aseguraron que el juez Cilleruelo ordenó el traslado de tres de los detenidos al Instituto Incháusti.

